Kusen de Étienne Zeisler sobre el "Tenzo Kyokun" del Maestro Dogen [25/..]

 KUSEN

 (enseñanza oral durante zazen)

"TENZO KYOKUN"

del

Maestro DOGEN

Comentarios de Ètienne Zeisler


 [25/..]  

Martes 14 de octubre 1986. (07:00 h)  

En la frase anterior del Tenzo Kyokun, Dogen decía: “Incluso si lo justo y lo falso existen, no os dejéis arrastrar por esta categorías” No es solamente un pensamiento filosófico, esto debe ser la aspiración para nuestra vida cotidiana, para nuestras actividades. ¿Cómo lavarse? ¿Cómo cocinar? ¿Cómo ir a los lavabos? “La médula de los grandes maestros del pasado reside en que han podido actualizar su espíritu en todas sus actividades. Los hombres y las mujeres de las futuras generaciones que ocuparán la función de tenzo no podrán alcanzar la esencia de esta enseñanza más que practicando de acuerdo con este espíritu. Las reglas del gran maestro Hyakujo, no deben ser tomadas a la ligera”.

Luego, Dogen dice: “Cuando volví a Japón, permanecí en Kennin-ji durante casi dos años. El puesto de tenzo existía, pero solo formalmente. Nadie llegaba a adquirir las funciones de este cargo. Nadie había comprendido que el trabajo del tenzo es en sí mismo la actividad de Buda. No era por lo tanto sorprendente que nadie fuera capaz de adquirir esta función con convicción. A pesar de que el monje responsable tuviera la gran suerte de ocupar las funciones de tenzo, como no había encontrado jamás el ejemplo viviente de un tenzo que fue Buda, no hacía más que perder su tiempo, rompiendo sin cesar las normas de la práctica. Esta situación era espantosa.

Observé de cerca al monje encargado. No ayudaba jamás en la confección de la comida, pero confiaba todo el trabajo a algún doméstico insensible y simple de espíritu mientras le daba órdenes. Ni una vez verificaba si el trabajo estaba bien realizado. Todo sucedía como si pensase que supervisar el arroz y las legumbres fuese degradante o vergonzoso, como mirar a hurtadillas en las habitaciones privadas de la mujer de al lado. Pasaba su tiempo tirado en su habitación y charlando. O bien, leía y cantaba sutras. No lo vi jamás acercarse a los fogones, y todavía menos, hacer el mínimo esfuerzo para controlar las mercancías necesarias, o pensar globalmente el menú del templo. Ignoraba que concentrarse sobre estos puntos es en sí mismo la práctica de Buda. Aparentemente, ignoraba también la práctica de revestir el kesa y de posternarse nueve veces antes de servir cada plato. Esto no lo hizo jamás ni en sueños. Y como él mismo ignoraba todo esto, era incapaz de enseñar a los jóvenes monjes, aunque este debía ser su deber. Esta situación era patética”.

 Continuará...  

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