Kusen de Étienne Zeisler sobre el "Tenzo Kyokun" del Maestro Dogen [18/..]

KUSEN

 (enseñanza oral durante zazen)

"TENZO KYOKUN"

del

Maestro DOGEN

Comentarios de Ètienne Zeisler


 [18/..]  

TENZO KYOKUN RECOPILACION III

23 de septiembre 1986. (07:30 h)

Durante el último campo de Verano había comentado el Tenzo Kyokun, lo voy a continuar en el dojo de París.

El Tenzo Kyokun es un libro de Dogen escrito para la enseñanza del tenzo. El tenzo, en los templos zen, es el responsable de la cocina. En otro tiempo, los monjes estaban muy ocupados en las actividades tradicionales de la práctica del zen: samu, zazen, conferencias, ceremonias, sutras. Se levantaban a las 4 de la madrugada y se acostaban tarde una vez anochecido. Durante este tiempo el tenzo y sus asistentes preparaban la comida. Hacían poco zazen, cantaban pocos sutras. Su vida y su práctica eran diferentes. ¿Quiere esto decir que no practicaban la Vía?

En nuestra época, muchos son los que se preguntas sobre el zen y la vida cotidiana. Si hacéis zazen una vez por semana, dos veces por semana, o incluso todos los días, ¿qué pasa con el resto del tiempo. La vida de París, el trabajo, la familia…? 

Sensei dijo una vez: “La vida cotidiana es más importante que zazen. Se viene a zazen una hora por día, luego quedan veintitrés horas por vivir en una simple jornada. Estas veintitrés horas son las más importantes”. ¿Qué hacer para que la vida entera se convierta en religión, en verdad? 

¿Qué hacer para que todas las circunstancias de nuestra vida se conviertan en la Vía. En la medida que las circunstancias no se escogen, no se decide, en el trabajo, no se puede hacer lo que uno quiere. Hay un jefe, un patrón, una hora en la que se comienza la jornada, una en la que se acaba. En casa tampoco se decide, se está influenciado por el entorno. El humor de la mujer, o del marido, el tiempo, si hace calor o hace frio.

De la misma manera no decidimos ni sobre nuestro conocimiento ni sobre nuestra muerte. Muchos sufren las contradicciones de su vida. Por ejemplo entre el zen y su vida cotidiana.

Este punto que concierne a nuestra vida real, es precisamente la enseñanza del tenzo, el tema del Tenzo Kyokun. El maestro Sawaki decía: “Vivid la vida del ser que llena el universo entero. Esto no quiere decir que el ser o el ego, o el yo, deban tomar el lugar del universo, que deban inflarse desmesuradamente como un globo, sino encontrar el universo en nuestra vida cotidiana”. Probar de reencontrar la dimensión más elevada con nuestro cuerpo personal de ser humano.

Un monje llamado Mujaku estaba cocinando, cuando el bodhisattva Manjusri apareció bajo su fogón. Sin quitar los ojos del fogón, Mujaku golpeó a Manjusri. Luego dijo: Si hubiera aparecido del mismísimo Buda, habría golpeado a Buda”. Este espíritu daishin : dai, grande, vasto; Shin, espíritu, es el espíritu que no cambia por nada, al que ningún fenómeno trastorna, ni Buda ni el demonio, es el espíritu de la práctica pura. Así se encuentran en el Tenzo Kyokun frases como esta:

“Cuando el tenzo recibe la comida, no debe jamás quejarse de la calidad ni de la cantidad, y siempre ha de manejarla con el mayor cuidado y la máxima atención. Un plato no es necesariamente superior cuándo ha estado preparado con ingredientes escogidos, tampoco una sopa es inferior cuando ha sido hecha con ingredientes ordinarios. Cuando toquéis, manipuléis, escojáis los alimentos, no evaluéis nunca su calidad” 

Si se puede desarrollar este espíritu, tanto en el dojo como en nuestra vida, entonces podremos transformar completamente nuestro espíritu. Sin intentar escapar de la ilusión, de la mala suerte, de la adversidad; sin intentar cortar las ilusiones, ni escoger la serenidad, la alegría o la felicidad, sin correr tras el satori. Zazen en sí mismo es completo, entero, distanciado de nuestras opiniones y categorías.

Si alguien dice: “Yo he comprendido profundamente, tengo el satori”, este satori no pertenece más que a su ego. Cuando Buda tuvo el satori, cuando comprendió la verdad más elevada, dijo: “he alcanzado el satori, anokutara sanmyaku bodai, con las montañas, la hierba, con el universo entero”. Nuestra vida real no está separada de los fenómenos, sea cual sea el gusto de nuestra existencia, el color de nuestra vida, es parecida, dijo Dogen, a los ríos innombrables que fluyen hacia el océano puro del Dharma, no existen más categorías como comida ordinaria o refinada, no hay más que un solo gusto, y este gusto es el Dharma de Buda, o dicho de otra manera, el mundo, el mismo, tal como es.

 Continuará...   

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